La fe Reformada Bíblica Confesional rechaza el 7 Concilio Idolátrico
La fe Reformada Confesional Rechaza el 7 Concilio del Segunda Nicena
Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: (...) y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (...) invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. Marcos 7:6-9,13
La fe Reformada acepta los primeros 4 ó 6 Concilios Universales Ecuménico de la Antigua Iglesia Católica no Romana, pero se rechaza el 7 Concilió que se llaman "el Segundo Concilió del Nicena" porque promueve e impone obligatoriamente con declaraciones anatemas la idolatría a la iglesia del Cristo en el culto dominical.
Porque también los primeros Padres de la Iglesia como Agustín Hipona, Cirilo de Jerusalén, Jerónimo, Lactancio, Tertuliano, Clemente del Alejandría, Ignacio del Antioquia y otros durante los primeros 7 ó 8 Siglos rechazaban el uso de las imágenes en la iglesia, existen un consenso de la mayoría de los Padres de la iglesia contra la idolatría y el uso de las imágenes en la iglesia.
La motivación bíblica en rechaza el séptimo Concilió en rechazar los ídolos romanistas. Es también una respuesta a un obispo anglicano del Chile (AngloRomanista) que apareció en el canal del Will Graham defendiendo el 7 Concilió Anatema del Segunda Nicena.
«Las imágenes y los templos construidos por mecánicos están hechos de materia inerte; de modo que también ellos son inertes, materiales y profanos; y si se perfecciona el arte, participan de la rudeza mecánica. Las obras de arte no pueden, pues, ser sagradas y divinas.» Clemente de Alejandría (c. 150–215), Stromata (Misceláneas), Libro VII, Capítulo 5.
«En verdad, la imagen es solo materia muerta modelada por la mano del artífice. Pero nosotros no tenemos ninguna imagen sensible de materia sensible, sino una imagen que se percibe solo con la mente: Dios, que solo Él es verdaderamente Dios.» Clemente de Alejandría (c. 150–215), Exhortación a los griegos (Protréptico), Capítulo 4.
«Dios prohíbe tanto que se haga un ídolo como que se le adore. […] La ley divina proclama: “No te harás ídolo”; y al añadir: “ni semejanza alguna de las cosas que están en el cielo, ni de las que están en la tierra, ni de las que están en el mar”, ha interdicto a los siervos de Dios los actos de esa clase en todo el universo. […] Las imágenes de aquellas cosas son ídolos; la consagración de las imágenes es idolatría.» Tertuliano (c. 155–240), Sobre la idolatría (De Idololatria), Capítulo 4
«Así también sucede con quienes no pueden permitir en el culto del Ser Divino altares, ni templos, ni imágenes. […] Los cristianos y los judíos tienen en cuenta este mandamiento: “Temerás al Señor tu Dios y a Él solo servirás”; y este otro: “No tendrás dioses ajenos delante de mí: no te harás imagen de talla, ni semejanza alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: no te inclinarás a ellas ni las servirás”; y otra vez: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”. En consideración de estos y muchos otros mandamientos semejantes, no solo evitan templos, altares e imágenes, sino que están dispuestos a sufrir la muerte cuando sea necesario, antes que envilecer con semejante impiedad la concepción que tienen del Dios Altísimo.» Orígenes (c. 184–254), Contra Celso, Libro VII, Capítulo 64.
«Por tanto, es indudable que no hay religión dondequiera que haya una imagen. Porque si la religión consiste en cosas divinas, y nada hay divino sino en las cosas celestiales, se sigue que las imágenes carecen de religión, puesto que nada puede haber de celestial en lo que está hecho de la tierra.» Lactancio (c. 250–325), Instituciones Divinas, Libro II, Capítulo 19.
«Tú me escribiste también acerca de cierta imagen supuesta de Cristo, deseando que te enviara tal imagen. […] ¿Qué clase de imagen de Cristo buscas? ¿La verdadera e inmutable que lleva sus características esenciales, o aquella que Él tomó por nosotros cuando asumió la forma de siervo? […] Pero si me pides la imagen, no de su forma transformada en la de Dios, sino de la carne mortal antes de su transformación, ¿acaso se te escapó la lectura en la que Dios manda no hacer semejanza alguna de lo que hay en el cielo arriba o en la tierra abajo? […] ¿No se ha proclamado en todas partes que a nosotros solos no nos está permitido hacer tal cosa?» Eusebio de Cesarea (c. 263–339), Carta a Constancia (hermana de Constantino), fragmento conservado.
Al ver en una iglesia de Anablatha (Palestina) una cortina con la imagen de Cristo o de un santo, la rasgó porque “era contrario a las Escrituras colgar la imagen de un hombre en la iglesia de Cristo”. Advirtió que tales imágenes eran “opuestas a nuestra religión” y recomendó no colocarlas en iglesias ni cementerios. Epifanio de Salamina (c. 310–403), Carta a Juan de Jerusalén (c. 394).
«Que estas imágenes, que parecen respirar, cuyos pies y rodillas tocáis y manoseáis cuando oráis, a veces se derrumban por el goteo constante de la lluvia, otras veces pierden la firme unión de sus partes por la putrefacción… ¿Cómo no veis que no hay nada divino en las imágenes, en las que ni siquiera temen o vacilan echar inmundicias, obedeciendo a las leyes de su naturaleza y guiados por sus instintos infalibles?» Arnóbio de Sicca (c. 255–330), Adversus Nationes (Contra los gentiles), Libro VI, Capítulo 16.
«Esas imágenes que os llenan de terror y que adoráis postrados en tierra en todos los templos, son huesos, piedras, bronce, plata, oro, arcilla, madera tomada de un árbol, o cola mezclada con yeso…» Arnóbio de Sicca (c. 255–330), Libro VI, Capítulo 14 (resumen de la idea central).
«¿Quién adora o ora mirando una imagen sin estar persuadido de que la imagen oye su petición y sin esperar que le conceda lo que desea? […] La causa principal de la idolatría loca y blasfema es esta: una forma que se asemeja a la de una persona viva —una forma que por su apariencia viviente parece exigir adoración— es más poderosa para persuadir a los sentimientos de sus desdichados suplicantes que el hecho evidente de que no está viva y debería ser despreciada por cualquiera que lo esté. La evidencia de bocas, ojos, oídos, fosas nasales, manos y pies en los ídolos tiene más poder para extraviar a un alma infeliz que la evidente incapacidad de hablar, ver, oír, oler, manejar cosas o caminar tiene para devolverla a la verdad.» Agustín de Hipona (354–430), Enarrationes in Psalmos (Exposiciones sobre los Salmos), Salmo 113 (115), 4–7 (pasaje muy citado).
«Sé que hay muchos adoradores de sepulcros y de cuadros…» Agustín de Hipona (354–430), De moribus Ecclesiae Catholicae (Sobre las costumbres de la Iglesia católica), 1, 34.
«Los hombres abandonaron a Dios e hicieron imágenes talladas de hombres. Puesto que, por tanto, una imagen de hombre era falsamente adorada como Dios, Dios se hizo verdaderamente Hombre, para que la falsedad fuera eliminada.» Cirilo de Jerusalén (c. 313–386), Catequesis 4, 6 (o según numeración alternativa Catequesis 6 / sobre Dios).
Cómo se evidencia el consenso de los padres de los primeros siglos en el Concilio de Elvira (ca. 305 d. C.): Este concilio regional de la Iglesia hispana decretó en su canon 36: "Se acordó que no debe haber imágenes en las iglesias, no sea que lo que se venera y adora sea pintado en las paredes."
El Concilio de los Concilios Carolingios en Frankfurt fue una reacción contra el séptimo concilio del Segundo Concilio de Nicea porque promovía la adoración y la idolatría hacia las imágenes, por las actas griegas de Nicea II llegaron a Occidente en una traducción latina muy defectuosa. El traductor no distinguió con claridad entre:
- latría (adoración debida solo a Dios, tambien significa "culto de adoración suprema y absoluta") en Latín.
- proskýnesis / timētikē proskýnesis (veneración de honor, también significa "besar hacia" o "arrojar un beso) en Griego.
Ambos términos se tradujeron frecuentemente como adoratio. Esto hizo que los teólogos francos creyeran que Nicea II ordenaba adorar las imágenes con el mismo culto que se da a la Trinidad.
Calvino habló sobre este tema:
"Sin embargo, no llega mi escrúpulo a tanto que opine que no se puede permitir imagen alguna. Mas porque las artes de esculpir y pintar son dones de Dios, pido el uso legítimo y puro de ambas artes, a fin de que lo que Dios ha concedido a los hombres para gloria suya y provecho nuestro, no solo no sea pervertido y mancillado abusando de ello, sino además para que no se convierta en daño nuestro. (...) En cuanto a las cosas que se pueden pintar o esculpir las hay de dos clases: unas son las historias o cosas que han acontecido; las otras, figuras o representaciones de las personas, animales, ciudades, regiones, etcétera, sin representar los sucesos. Las de la primera clase sirven en cierto modo para enseñar y exhortar; las de la segunda, no comprendo para qué sirven, a no ser de pasatiempo. No obstante, es notable advertir que casi todas las imágenes que había en los templos de los papistas eran de esta clase. Por donde fácilmente se puede ver que fueron puestas allí, no según el juicioso dictado de la razón, sino por un desconsiderado y desatinado apetito". Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Articulo 13, Capitulo 11, Libro 1.
El 7 Concilió Inválida los primeros tres puntos de los diez mandamientos de Moisés y el Concilió del Elvira de los primeros Padres de la Iglesia, en no tener, ni adorar, ni orar a las imágenes. Invalida el mandamiento de Dios en las dos tablas de Moisés por mandamientos de hombres inventando por ellos como es el 7 Concilió del Segunda Nicena.
Cómo dice el himno Rut la Moabita: "No más a los ídolos adoraré."
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| Himno 591 Rut la Moabita - Himnario Celebremos su Gloria |
La Santa Escritura rechaza el séptimo Concilió de Segunda Nicena, como también lo hace los Padres de la Iglesia del Primero siglo, el Concilio del Elvira y El Concilio de los Concilios Carolingios.
Marcos 7:6-9,13 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: (...) y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (...) invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
Isaías 42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.
Mateo 15:3,6 ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
Salmos 115:3-9 Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos. Oh Israel, confía en Jehová; El es tu ayuda y tu escudo.
Apocalipsis 2:14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
Apocalipsis 2:20 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.
Jeremías 11:12 E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal.
Jeremías 7:18-19 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira. ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?
Citas Bíblicas: Génesis 31:19,30-35; Éxodo 20:1-6; Levítico 19:4; 26:1; Deuteronomio 4:16,23-25; 5:8; 27:15; Salmos 115, Isaías 42:8; 44:9-20; Jeremías 7:18; Oseas 4:12; Mateo 15:1-20; Marcos 7:1-23; 1 Juan 5:21: Apocalipsis 2:14,20-21.
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Defensores de la Doctrina Bíblica Reformada (DDBR)



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