G.L. Williamson: La regla infalible de interpretación de la Escritura

La Regla Infalible de Interpretación de la Escritura - G.L. Williamson

La regla infalible de interpretación de la Biblia es la Biblia misma. Por tanto, cuando hay duda acerca del total y verdadero sentido de algún texto (el cual no es múltiple sino único), dicho sentido debe investigarse y entenderse mediante otras partes de la Biblia que hablen más claramente. La Confesión de Fe de Westminster, Capitulo 1, Articulo 9.

Comentario del G.L. Williamson

I, 9. Esta sección de la Confesión nos enseña:

(1) que las Escrituras se interpretan por sí mismas,

(2) que las partes difíciles se aclaran por pasajes paralelos que hablan de

forma más clara, y

(3) que el sentido de las Escrituras es uno (y no muchos).



Ya hemos visto (en la sección I, 1-3) que el Catolicismo Romano y otras religiones falsas se unen en negar que la Biblia sea la revelación completa de Dios. Tienen en común el negar la suficiencia de las Escrituras (contra lo cual recuerde 2 Timoteo 3:15-17). Estas religiones también comparten otra característica: negar que la Biblia sea capaz de ser entendida sin ninguna referencia a un intérprete ajeno. Por ejemplo, en 1893 el Papa Leo XIII declaró que “Dios ha entregado las Escrituras a la Iglesia para su protección”, por lo cual, obviamente, se refería a la Iglesia Católica Romana. Por esto, según él, la Iglesia es “la guía y maestra perfecta y confiable”, y así el sentido verdadero de las Escrituras se debe considerar “ese sentido que ha sido y será mantenido por nuestra Madre Santa, la Iglesia, a quien le pertenece juzgar el verdadero sentido y la interpretación de las Sagradas Escrituras, y no se permite que nadie explique la Sagradas Escrituras en forma contraria a ese sentido o a la opinión unánime de los Padres”. Obviamente, bajo este sistema se vuelve muy innecesario leer la Biblia. Cristo dijo: “¡Escudriñad las Escrituras!” Pablo dijo: “Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad” (2Ti 2:15). Pero Roma dice: “Dios no puede hablar claramente, así que tienen que escucharme a mí. ¡Yo les aclararé lo que Él está intentando decir!”. Esta misma tendencia se puede observar en la enseñanza de los Testigos de Jehová. Es de conocimiento general que esta religión disemina “El Atalaya” y otra literatura en una torrente constante. Una parte constante de dicha torrente es “Estudios de las Escrituras”. Aquí está lo que dice “El Atalaya” (1 de Julio, 1957) acerca del valor comparativo entre la Biblia en sí y los “Estudios de las Escrituras” diseminados por esta religión: “Además, no solo encontramos que la gente no puede ver el plan divino estudiando solo la Biblia, sino que también vemos que si alguien deja de lado los Estudios de la Escrituras, aun después de haberlas usado, haberse familiarizado con ellos, haberlos leído durante 10 años, si los deja de lado y los ignora y va únicamente a la Biblia, aunque haya entendido su Biblia durante 10 años, nuestra experiencia demuestra que dentro de 2 años entra en la oscuridad. Por otro lado, si hubiera leído solo los Estudios de la Escrituras con sus referencias y no hubiera leído ni una página de la Biblia en sí, estaría en la luz al cabo de 2 años porque tendría la luz de las Escrituras”.

Roma y la secta de los Testigos de Jehová concuerdan en su actitud básica hacia la Palabra de Dios. El Salmista dijo: “Tu palabra es una lámpara […] es una luz” (Sal 119:105). Pero Roma y las otras religiones falsas llaman “tinieblas” a la luz.

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! Isaías 5:20

Contra esto se levanta la Fe Reformada. Como nos recuerda el Dr. Cornelius Van Til: “Ningún intérprete humano necesita intervenir entre las Escrituras y las personas a quienes llegan”.

G.L. Williamson

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