LA INTERPRETACION DE LOS PADRES DE LA IGLESIA SOBRE 70 SEMANA DE DANIEL

LOS PADRES DE LA IGLESIA Y SU INTERPRETACIÓN DE LAS 70 SEMANAS DE DANIEL (CAP. 9)

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador. Daniel 9:24-27



Tertuliano (155-225 d.C.)

"De este modo, pues, Daniel predijo acerca de Él, para mostrar cuándo y en qué tiempo debía dar libertad a las naciones; y cómo, después de la pasión del Cristo, aquella ciudad iba a ser exterminada… Y así, en el día del asalto, los judíos cumplieron las setenta semanas predichas en Daniel. Por lo tanto, cuando estos tiempos se cumplieron y los judíos fueron sometidos, cesaron en aquel lugar las “libaciones y sacrificios”, que desde entonces no han podido celebrar en ese celebre lugar; porque también la “unción”, ha sido “exterminada” en aquel lugar después de la pasión de Cristo". [Adv. Jud. 8].

Clemente de Alejandría (150-215 d.C.)

"Y Cristo, nuestro Señor —«el Santo de los santos»—, habiendo venido y dado cumplimiento a la visión y a la profecía, fue ungido en su carne por el Espíritu Santo de su Padre. Durante aquellas «sesenta y dos semanas» —tal como anunció el profeta—, así como «en la única semana», Él ejerció su Señorío. Durante la mitad de dicha semana, Nerón ejerció su dominio y erigió la abominación en la santa ciudad de Jerusalén; y en la otra mitad de la semana, él fue depuesto, sucediéndole Otón, Galba y Vitelio. Finalmente, Vespasiano ascendió al poder supremo, destruyó Jerusalén y asoló el lugar santo. Y que tales son, en efecto, los hechos, resulta claro para todo aquel que sea capaz de comprenderlo, que se cumplió lo que fue dicho por Daniel el profeta". (Misc. 1.21.126).

Orígenes (185-253 d.C.)

"Asimismo, se han cumplido las semanas de años que el profeta Daniel había predicho, las cuales se extienden hasta el liderazgo de Cristo". (De princ. 4.1.5).

Atanasio de Alejandría (296-373 d.C.)

Hasta el historiador judeo-romano comprendió:

Flavio Josefo (37-100 d.C.)

"Del mismo modo, Daniel también escribió acerca del gobierno romano y de que nuestra tierra sería asolada por ellos. Todas estas cosas las dejó este hombre por escrito, tal como Dios se las había revelado; de tal suerte que quienes lean sus profecías y vean cómo se han cumplido, se maravillarán ante el honor con el que Dios distinguió a Daniel". (Antigüedades, X.11).

"¿Acaso buscáis a otro? Pero Daniel predice el tiempo exacto. Las objeciones a este respecto quedan refutadas. Mas en este punto, por encima de todos, serán refutados con mayor contundencia —no por nuestras manos, sino por las del sapientísimo Daniel—, quien señala tanto la fecha precisa como la estancia divina del Salvador, diciendo: «Setenta semanas han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre la ciudad santa, para poner fin al pecado, para sellar los pecados, para borrar las iniquidades, para hacer expiación por las iniquidades, para traer la justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir al Santo de los santos; y sabrás y entenderás que, desde la salida de la orden para restaurar y edificar Jerusalén, hasta el Cristo Príncipe...» (Daniel 9:24-27). Quizás, con respecto a las otras (profecías), logren incluso hallar excusas y posponer lo escrito para un tiempo futuro. Pero, ¿qué pueden decir ante esto? ¿Acaso pueden siquiera hacerle frente?" (De inc. 39).

...Y faltaría el espacio para Eusebio de Cesarea, Efrén de Siria y Afraates, Cirilo de Jerusalén, Juan Crisóstomo, Agustín de Hipona, Sulpicio Severo y una multitud de otros padres de la Iglesia antigua e historiadores tempranos, que a lo largo de los siglos, enseñaron y afirmaron lo mismo que recibieron de los santos apóstoles; a saber: que las setenta semanas de Daniel se cumplieron con la encarnación de Cristo Jesús en la generación apostólica.

Queda claro que los padres de la iglesia —y la posteridad de ella—creyeron que las 70 semanas se habían cumplido o bien en el Mesías, o bien en la destrucción definitiva de Jerusalén por parte de los romanos en el 70 d. C. ¿Qué idea es esa de los dispensacionalistas que encuentran una semana faltaste y suspendida en el limbo, y que disque se cumplirá al final esta era? Así no debe ser tratado el texto sagrado, ay no.

Por otra parte, esta es la prueba definitiva, la evidencia irrefutable que ningún judío puede negar (a menos que esté dispuesto a negar la autoridad de las Escrituras Hebreas) de que Jesús de Nazaret, el que le nació a la virgen María, es el Mesías, el Santo de los santos, el Verbo de Dios encarnado, quien puso fin al antiguo culto levítico, y por medio de Su Iglesia, está estableciendo sobre todo el mundo el Reino eterno de Dios Su Padre.

Y, desde entonces:

"Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido". (Daniel 7.13-14).

Juan C. Cruz

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