Después del años 70 D.C., no hay necesidad templo porque Cristo es el cumplimiento de la Ley

Cristo es el cumplimiento de la Ley

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Gálatas 4:3-5

En el libro de Daniel, hay un punto imposible de ignorar: el Mesías no solo vendría, sería quitado. Daniel 9:26 es contundente: “se quitará la vida al Mesías, mas no por sí”. La redención vendría por medio de un Mesías rechazado y asesinado.




Pero el texto no se detiene ahí. En la misma profecía se anuncia que, después de esto, la ciudad y el santuario serían destruidos. Es decir, la muerte del Mesías y la ruina del segundo templo están unidas en un mismo decreto divino. No son eventos aislados; son parte del mismo acto redentivo y judicial de Dios.




Cristo mismo, en Evangelio de Mateo 24, retoma esta línea profética y anuncia la desolación: el templo sería derribado, piedra sobre piedra. No como tragedia meramente política, sino como señal de que el antiguo sistema había sido clausurado por Dios.

El diagnóstico bíblico es claro:

sin Mesías reconocido, no hay sacrificio válido;

sin sacrificio, no hay expiación;

sin expiación, no hay acceso.

Hoy, el pueblo judío se reúne en el llamado Muro de los Lamentos, vestigio del segundo templo destruido en el año 70 d.C. Oran, lloran, recuerdan. Pero ese llanto, a la luz de Daniel, no es solo memoria histórica: es el eco de un sistema que ya no puede operar. No hay altar, no hay sacerdocio levítico en funciones, no hay sangre que sea derramada conforme a la ley.

Y, sin embargo, la Escritura no deja esto en vacío.

El Mesías fue quitado… pero no en derrota, sino en sustitución.

El templo cayó… pero porque el verdadero Templo estaba en pie.

El llanto frente al muro señala una ausencia.

El evangelio anuncia una presencia.

Porque todo aquello que fue removido en Jerusalén ha sido establecido de manera perfecta y eterna en Cristo.

Defensores de la Doctrina Bíblica Reformada DDBR

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