El Espíritu navideño - ¿Sirves a Dios o al Mundo?

𝐄𝐋 𝐄𝐒𝐏𝐈́𝐑𝐈𝐓𝐔 𝐍𝐀𝐕𝐈𝐃𝐄𝐍̃𝐎

Hay un “espíritu navideño” que muchos celebran sin pensarlo demasiado: luces, comidas, reuniones, música. Para el mundo es una época de júbilo, consumo y tradición. Para el creyente, sin embargo, es tiempo de preguntarse con honestidad: ¿qué clase de espíritu estoy dejando que gobierne mi corazón y mi casa?


Hay evidencias claras y verificables de que ciertos comportamientos relacionados con la temporada (sobre todo el consumo excesivo de alcohol y la violencia ligada a celebraciones) aumentan durante las fiestas. Instituciones serias como la NIAAA y la CDC advierten que muchas personas consumen más alcohol en diciembre y en Nochevieja, con más episodios de “binge drinking”, y que los servicios de urgencias reciben más ingresos relacionados con el alcohol en estas fechas. Esto se traduce también en un aumento de conductas peligrosas (accidentes de tránsito, peleas, lesiones) en torno a las celebraciones.  

Del mismo modo, múltiples estudios y reportes locales muestran picos en agresiones y violencia intrafamiliar en días festivos concretos (Nochevieja, Día de Año Nuevo, y en algunos lugares incluso Navidad/Boxing Day), asociados a factores como el consumo de alcohol, el estrés económico y el encierro familiar. No habla esto de una “maldad mágica” de la Navidad, sino de cómo las circunstancias (más reuniones, más alcohol, más presión económica, menos acceso a apoyos) permiten que afloren pecados y tragedias que la gente lleva dentro.  

Frente a esta realidad social y humana, el contraste espiritual es tajante y pastoralmente urgente. Pablo nos dice: “No os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos del Espíritu.” (Efesios 5:18). Y, cuando enumera lo que nace de la carne, incluye las borracheras; frente a eso, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:19–23). Es decir: la cultura que celebra desenfreno, consumo sin freno, idolatría del placer o de la imagen, está en conflicto directo con la vida que el Espíritu produce en el creyente.  

¿Entonces qué hacemos? Algunas reflexiones y preguntas para la meditación:

— ¿Qué espíritu gobierna mis decisiones en estas fechas: el deseo de agradar a los demás, la búsqueda del prestigio, la comodidad, el consumo, o el anhelo por la gloria de Dios y el servicio al prójimo?

— Si dices servir a Dios y amar a tu congregación, ¿por qué a veces permites que corrientes y festividades mundanas modelen tu vida espiritual más que la Palabra y el Espíritu?

— ¿En qué formas concretas estas celebraciones ayudan a hacer visible el fruto del Espíritu en mí y en mi hogar? ¿En cuáles le dan alimento a las obras de la carne?

Los padres y pastores deben vigilar con ternura: la verdad bíblica y la compasión pastoral van juntas. No se trata de destruir la alegría legítima de una familia que se reúne, sino de preguntar: ¿qué costumbre, canción, bebida, o tradición me hace menos santo y menos útil para la obra de Cristo? John Owen, en su enseñanza sobre el Espíritu, recuerda que la obra del Espíritu es producir en nosotros inclinaciones y acciones de santidad; no es meramente un sentimiento ni un decorado externo. La piedad verdadera transforma afectos y elecciones.  

Prácticas concretas que ayudan a cristianos y comunidades a “desactivar” el espíritu pagano de las fiestas y a ser luz:

— Priorizar la hospitalidad con los solitarios: invitar a quienes no tienen familia o que han sido olvidados.

— Moderación intencional: limitar bebidas, evitar fiestas donde el desenfreno es norma, tener un plan de regreso seguro.

— Culto y agradecimiento auténtico: usar tiempo para orar, leer el Evangelio, cantar con contenido y gratitud.

— Enseñar a los jóvenes (y recordarnos) que el gozo cristiano no depende del consumo ni del ruido; es fruto del Espíritu.

— Si hay personas en riesgo (de depresión, de consumo, de violencia), activar redes de apoyo y, si es urgente, buscar ayuda profesional.

Si tú o alguien que conoces está en peligro inmediato o contempla hacerse daño, busca ayuda ahora mismo: en México existen líneas de apoyo y servicios públicos (por ejemplo, Línea de la Vida y SAPTEL, además del número de emergencia 911). Pedir ayuda es valiente y necesario; la comunidad cristiana debe acompañar sin juicio.  

Termino con preguntas que cortan hasta el hueso: ¿queremos un cristianismo cómodo que se parece al mundo, o un cristianismo que resplandece en santidad? ¿Amamos más el aplauso social y las costumbres que la obediencia humilde al Espíritu? Si afirmas que buscas la gloria de Dios, ¿cómo tus decisiones en diciembre lo demuestran?

Que en esta temporada como en todo el año, Dios nos encuentre no moldeados por la cultura del consumo, sino llenos del Espíritu que produce fruto santo; que nuestras luces sean las buenas obras que muestran la gracia de Cristo, y que nuestras mesas sean ocasiones de reconciliación, no de desenfreno. ¿No es eso, al fin, la mejor manera de celebrar a nuestro Salvador?

Fuentes principales consultadas (selección para verificar afirmaciones): CDC / NCHS sobre suicidio y meses del año.

NIAAA y autoridades sanitarias sobre incremento de consumo y riesgos de alcohol en la temporada festiva.  

Estudios y reportes sobre picos de agresiones y violencia en días festivos (informes BOCSAR, universidades, organizaciones de apoyo a víctimas).  

Textos bíblicos citados: Efesios 5:18; Gálatas 5:19–23 (consultados en BibleGateway para las traducciones).  

John Owen, sobre la obra del Espíritu en el creyente.  

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